En 1982 se adopto como estándar para la comunicación entre ordenadores el protocolo TCP/IP.
Todos los ordenadores conectados a Internet tienen una dirección IP (Internet Protocol) que los identifica de forma única en la red.
La información se transmite troceada en pequeños paquetes para evitar que un mensaje muy grande colapse la red y deje a los demás en espera.
Cada “paquete” lleva, además del trozo de mensaje que debe transmitir, una cabecera con una dirección IP de la máquina destinataria y remitente y un número de secuencia necesario para reconstruir el mensaje a partir de los trozos o paquetes.
No hay un camino predefinido, es más, posiblemente distintos paquetes de un mismo mensaje, irán por rutas diferentes.
Para gestionar todos esos paquetes que viajan por la red existen unas máquinas llamadas enrutadores. Su función es conectar redes distintas pasando los paquetes de información a otros enrutadores de manera que poco a poco se aproximen al enrutador de la red donde está el destinatario.
Los enrutadores no almacenan paquetes, si pueden los procesan, es decir los reenvían, si no, los pierden sin más.
La máquina de destino espera a que lleguen todos los paquetes. Si le falta alguno lo reclama al remitente y éste lo reenvía de nuevo.
Sea el tipo de máquina o de red que sea, el paquete se construye según el estándar IP. De esta manera todos los dispositivos saben manejarlos, hacerlos llegar a destino, reconstruirlos y procesarlos.
|